Altares.

 

 

 

Son rosas

blancas y olorosas,

suavemente movidas por el vaivén

del viento,

y los dulces cantos y melodiosos

de tus labios hermosos,

despiertan el silencio dormido

de mis suspiros.

 

Y las cascadas de ternura

embellecidas por tu holgura,

y con tus movimientos sensuales

cobijas mis altares.

 

Esos altares

que de ti hago,

para hacer alabanzas

a tu cuerpo frágil,

delicado y esbelto.

 

Anda,

hazme parte de ti,

arrástrame hasta lo más bello,

de aquel lugar que nunca conocí,

y fue de tus ardientes deseos

que nunca sentí.

 

Son blancas y hermosas

tus perfumadas rosas,

esas mismas que plante para ti,

esperando alguna vez

poder ponerlas a tus pies.

 

Y entre la alfombra

que ellas formen,

donde tu caminas feminal y altanera.

 

 

como una princesa que eres,

y yo un simple lacayo tuyo,

pueda tan solo mirarte,

y con mi pensamiento

tan solo amarte.